Sunday, February 12, 2006

Más de cien segundos en las gradas

Soy uno más de los que observa con mueca de reprobación y asco lo que sucede en la Plaza de Toros del DF cada fin de semana no sé cuántas veces al año. Soy uno más de los que detestan a toda esa masa de sujetos que pagan un boleto para ser testigos de un espectáculo tan retrograda y estúpido como las corridas de toros. Seguramente millones de veces se ha descrito lo que pasa cuando un toro sale al ruedo para enfrentarse con la muerte de la manera más cruel que pueda existir. También millones de ocasiones se ha dicho antes que quizá en un rastro ese toro encontraría un final más benévolo que el que le espera cuando miles de miradas se posan en su cuerpo, esperando a que sea sacrificado lentamente con todo en su contra. Pendejadas eso de que es un encuentro justo, donde la bestia (el hombre) se enfrenta al animal en iguales condiciones. Ni madres. El toro siempre pierde el pellejo. Se acabó.

A inicios de este 2006, exactamente el domingo 29 de enero, un toro salió al ruedo para dirigirse directamente hacia las gradas. Llegó ahí de un salto y buscó, abriéndose paso entre la gente, hundir sus cuernos en quien se le travesara. Un animal buscando salir vivo del infierno, nada más que eso. Deprimente fue ver las imágenes en la TV. Una verdadera pena, de vivir en un país con costumbres tan pendejas como esa. Al siguiente día, el lunes, programas de TV y radio cubrieron a fondo el hecho, ya saben, repitiendo hasta el hartazgo la escena pero condimentada con acercamientos, estadísticas y entrevistas. Periódicos que se “especializan” en deportes - y que apartan la mayor parte de su contenido para cubrir, siempre con los mismos adjetivos, a una liga de fútbol tan mediocre como la de México- también le entraron a la información. Puede intuirse la forma en que trataron el tema personajes que han acuñado frases tan célebres como “ni modo, así es el fútbol”, o formulado preguntas tan complicadas como “¿qué sigue para el equipo?”; pero el primer lugar se lo lleva, sin lugar a reclamaciones, un diario que no se especializa en deportes, al cubrir la noticia, damas y caballeros, con un despliegue de lucidez y profundidad sin parangón. Reproduzco un fragmento de lo aparecido el 30 de enero del 2006 en la página electrónica de ese periódico:

“Siete heridos que requirieron hospitalización -entre ellos una anciana, Julieta Gil, con una cornada en el pubis- y decenas de aficionados con escoriaciones y contusiones fue el saldo que dejó en 120 segundos el único toro que ha entrado en la zona reservada al público de la Monumental Plaza México en casi 60 años de existencia del coso.”

Correcto. Eso sucedió. Pero después se empiezan a buscar culpables de tan lamentable suceso. Entonces el texto deja de ser una fría bodega de palabras y el que escribe hace sugerencias y de paso le pone un tache al culpable. Cómo no. Miren ustedes:

“Si Encinas tampoco interviene en esta ocasión, cuando no pocas personas estuvieron en peligro de muerte debido a la escandalosa irresponsabilidad de las autoridades, la próxima vez quizá las consecuencias sean más lamentables. El titular del GDF debería acudir a la plaza y ver las sillas aplastadas, los regueros de pelo y de sangre, o preguntar por las decenas de personas que salieron de allí con las piernas amarillas de yodo, la ropa desgarrada y moretones en todo el cuerpo. Lo que sucedió fue un aviso; si el GDF no lo oye la gente supondrá que padece de sordera salinista.”

“Regueros de pelo y de sangre”. Eso se escucha chingón. Sin embargo lo que el texto propone es que Encinas se paseé por las gradas y mejore la seguridad, pero de los espectadores (!), porque pobrecitos de ellos, tan solos ahí en medio del peligro, hay que cuidarlos. “Lo que sucedió es un aviso”. ¿Un aviso de qué? ¿Un aviso para que se coloque cuanto antes un cerco electrificado en las gradas para que el toro no se acerque, o para que a la entrada a la plaza se le otorgue una pistola a cada espectador para que le dispare al toro, si es que el animal tiene la tonta idea de atender a su instinto? “La próxima vez quizá las consecuencias sean más lamentables”. De risa loca. ¿Cuántos años lleva funcionando la chingadera esa de la Plaza de Toros? ¿No vale la pena calificar de “lamentable” la masacre de animales que sucede ahí desde entonces? Como si fuera insuficiente, para rematar, de la manga del texto sale esta belleza:

“En el terreno estrictamente artístico, Hermoso de Mendoza produjo la entrada más pobre de su carrera en nuestro país -no vendió más de 20 mil boletos- y paradójicamente realizó una faena superlativa, clavando y montando con perfección y matando en todo lo alto para que Santorini, segundo de su lote y de Montecristo, rodara sin puntilla ante la ensordecedora ovación del público. El juez Miguel Angel Cardona concedió certeramente las orejas y el rabo.”

No me interesa saber qué es una “puntilla”, ni cómo se obtiene una “faena superlativa”, me interesa indagar sobre lo “estrictamente artístico”. En el terreno estrictamente artístico la chingada ¿Quién le dijo a ese tipo que escribe que clavarle una espada en el lomo a un animal es una acción estrictamente artística? “Clavando y montando con perfección y matando en todo lo alto…” ¿Cómo se mata en todo lo alto? No mames. Explíquenme por favor. Matar toros no es arte ni deporte; ni madres. Es matar toros y ya. Leyendo ese texto me entero de que hubo un Juez ahí dentro, de la plaza esa, pero ¿qué enjuició? ¿Que la cervezas estuvieran bien frías? También acabo de saber que una entrada de 20 000 personas es pobre para un torero como Hermoso (¿quién se atreve a autodenominarse así?) de Mendoza ¡20 000 enajenados babeando en las gradas! Increíble. A esos espectáculos van quienes son capaces de matar si les mientan la madre en el periférico y que educan a sus hijos para que asistan al estadio religiosamente cada domingo a celebrar la farsa del fútbol mexicano. Estamos en el hoyo. Quiero dejar muy claro que lo que cité textualmente no lo saqué del Esto o de esa otra mierda del Record, no. Se trata de la visión de La Jornada, ese diario que se dice inteligente y crítico. Ellos sí se merecen las orejas y el rabo.

Ilustración de Sergio Aragonés (MAD México, No. 20).

2 Comments:

Blogger mar said...

-estamos de la chingada- al menos lo recuerdas con un texto bien escrito en el que te noto "más molesto" de lo habitual.... en sí creo que hemos llegado a un punto en que todo es tan ácido que solo basta ver una nota así, en el periodico en que una gran parte de la población apuesta...da freaky...

cada vez comprendo más porque me gusta el rock...que onda cuando hay nuevo toquin susypopero y que pedo cuando te rolo tu disco de xiu xiu?

9:43 AM  
Blogger mar said...

ahhh visita:

http://tunelactos.podomatic.com/

saludos a leo...

9:44 AM  

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